Las “3 D”: Diversificación, Diversificación y Diversificación

El viejo proverbio popular nos recuerda: “no poner todos los huevos en una misma canasta”. Esto equivale a distribuir nuestra inversión en distintos instrumentos que tengan un comportamiento diferente, ojalá opuesto, frente a un mismo evento.

Diversificar

Si bien la diversificación no garantiza que evitemos pérdidas, es el factor más importante para obtener nuestros objetivos de largo plazo. Una cartera de inversiones nunca estará ausente de riesgo. Por lo tanto es esencial conocer nuestra tolerancia al riesgo, es decir, nuestro perfil de riesgo.

Lo primero que debemos recordar es que rentabilidad y riesgo forman un matrimonio indisoluble. Se cumple siempre que, a menor riesgo, menor será la rentabilidad obtenida. Sin embargo, a mayor riesgo, aumenta la “probabilidad” de un mayor retorno. Esta palabra, “probabilidad”, es la hace la gran diferencia y provoca incertidumbre: no hay seguridad de lograr una mejor rentabilidad si aumentamos el riesgo. Al fin y al cabo, de eso se trata el riesgo: ausencia de certeza.

Existen varios tipos de riesgos: riesgo de crédito (no pago), del país, político, de reputación, legal, a la variación de las variables económicas: tasa de interés, inflación, tipo de cambio, etc.

No obstante, los riesgos se agrupan en 2 principales categorías:

  • Riesgo no diversificable o sistemático: también conocido como “riesgo de mercado”. Este riesgo no se asocia a una determinada empresa o a un sector de la economía específico y es causado por factores macro y micro económicos como: la variación de las tasas de interés, de la inflación, del tipo de cambio, la estabilidad política y jurídica, las guerras, catástrofes naturales, etc. La característica principal de este riesgo es que, como un todo, no es posible de reducir o eliminar a través de la diversificación. Es un riesgo que todo inversionista debe aceptar.

  • Riesgo diversificable o no sistemático: es el riesgo asociado a una empresa, sector de la economía específico (industria) o a un país en particular. Las principales causas de este riesgo son el tipo de negocio de una empresa y sus condiciones financieras. Para los países son las condiciones generales de su economía y su estabilidad política y jurídica. Este riesgo se puede reducir por medio de la diversificación: invertir en distintos instrumentos (clase de activos), empresas y países de tal forma que un evento inesperado no los afecte de la misma manera.

La ciencia estadística llama “correlación” al comportamiento de dos o más clases de activos financieros frente a un mismo evento, sea positivo o negativo. Para lograr una mayor diversificación y reducir el riesgo no sistemático, debemos escoger instrumentos que estén muy poco correlacionados entre sí. En simple: si un activo baja o sube de valor el otro se comporta de manera opuesta o, al menos, no varía.

El problema que podemos encontrar para lograr una correcta diversificación es el monto de nuestra inversión. En efecto, montos reducidos hacen muy difícil distribuirla en múltiples instrumentos de manera de lograr un portafolio diversificado.

Una buena la solución para este problema son los fondos mutuos ya que, desde montos muy bajos, podremos diversificar nuestra inversión por tipo de instrumentos (instrumentos de deuda y acciones), plazo, sectores económicos, países, monedas, etc. Existen en Chile 30 tipos y categorías de fondos mutuos que nos permitirán construir una cartera de inversión lo suficientemente diversificada que nos permita reducir el nivel de riesgo que sea compatible con nuestro perfil de inversionista.

No existe una inversión sin ningún riesgo. Podemos reducirlo o mitigarlo, pero nunca eliminarlo por completo.

¿No sabes dónde invertir?

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