La codicia: una mala asesora de inversiones

Un viejo refrán dice: “cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”

Este proverbio no ha perdido su vigencia, en especial por el problema que viven las casi 5.000 personas que han confiado en AC Inversions. Hoy en día hay otras empresas similares que operan. Este no es un caso aislado.

¿Qué hacía esta empresa?

Muy simple: explotaba nuestra codicia prometiendo rentabilidades “aseguradas” de hasta el 10% mensual en un comienzo, las que luego disminuyó al 3,5% mensual. Muchos creyeron en esta promesa y algunos afortunados que alcanzaron a escapar obtuvieron grandes ganancias. Pero, como siempre pasa en estos casos, los que persistieron y se quedaron perdieron todo lo que habían invertido. Cálculos preliminares predicen una pérdida total de $ 50.000 millones, cerca de us$ 72 millones. De nuevo, la codicia les jugó una mala pasada.

Culpas compartidas.

Para que sucedan estafas y engaños se necesitan dos partes: el que engaña y el engañado. En este caso AC Inversions tiene la mayor culpa al utilizar ardides premeditados que buscan embaucar. Sin embargo el inversionista no está exento de responsabilidad.

En efecto, ya es hora que asumamos la parte de las consecuencias que nos corresponden por nuestras propios actos y decisiones. Estoy consciente que esto no es políticamente correcto en nuestra sociedad donde se ha cultivado una vocación paternalista y no una donde la libertad sea el eje central que nos rige. Claro que es más fácil que nos digan que hacer y que nos entreguen lo que necesitamos en lugar de obtenerlo por nuestro esfuerzo y asumir las consecuencias de nuestros propios actos y decisiones.

Esto aplica al caso que analizamos. Es cierto que esta empresa orquestó un engaño pero también es cierto que los inversionistas no meditaron y tomaron en cuenta aspectos básicos de toda inversión.

En primer lugar que siempre se cumple el axioma que para obtener mayor rentabilidad hay que asumir mayor riesgo. Si bien esta empresa “aseguraba” una rentabilidad anormalmente alta, pocos se preguntaron sobre el riesgo que estaban asumiendo para obtenerla sin preguntarse cómo era posible ganar una rentabilidad más de 50 veces superior al que pagan las instituciones reguladas, con productos supervisados y sin riesgo.

En segundo lugar, y relacionado con el anterior, pocos se interiorizaron sobre las características del instrumento donde invertían lo que les podría haber dado algunas luces sobre el riesgo que asumían. Nunca hay que invertir en un producto que no entendemos

En tercer lugar no consideraron que la empresa AC Inversions no estaba regulada por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS). Esto es muy importante porque las exigencias para ser Corredor de Bolsa o Agencia de Valores son muy altas, tanto al momento de constituirse como durante su vida de operación ya que son controladas muy de cerca sobre el cumplimiento de las leyes y normas dictadas por la misma Superintendencia, incluso con auditorías presenciales de la SVS y por auditores externos autorizados por ella.

¿Regular o no regular?

Cuando ocurre este tipo de hechos, nos preguntamos, y hasta cuestionamos, el rol del regulador, en este caso, la SVS.

Las leyes definen que ciertas actividades del mercado de capitales solo pueden ser realizadas por sociedades que están bajo la supervisión de la SVS: Agencias de Valores, Corredores de Bolsa, Compañías de Seguro, Administradoras de Fondos, etc. Además, dichas empresas solo pueden hacer las actividades y transar los instrumentos autorizados por la ley y la SVS. Existe entonces un doble control: sobre la empresa y sobre los instrumentos y operaciones que realice.

¿Debe la SVS regular a todos?

Desde el punto de vista del consumidor parece razonable porque se sentiría más “protegido”, sin embargo es impracticable. Es imposible que alguien pueda supervisar en tiempo real todos los productos financieros y agentes que intervienen en el mercado de capitales. Por lo tanto, la lógica vigente se basa en que la SVS entrega su certificado de calidad a aquellas empresas que se sometan a sus exigencias, es decir, los agentes regulados. A su vez define que ciertas operaciones e instrumentos solo pueden ser transados por instituciones específicas. Existe entonces un conjunto de empresas y de instrumentos financieros que no son regulados ni supervisados.

¿Pueden hacer más el legislador y la SVS?

Definitivamente si.

Primero que las sanciones por fraudes cometidos por este tipo de empresas sea tan grande que el castigo desincentive que otras las imiten. En definitiva, que la utilidad que podrían obtener con este tipo de actividades no justifique el alto riesgo de ser sancionados con graves efectos personales y patrimoniales

Segundo, la educación. No hay que ser experto en finanzas para poder entender ciertos conceptos básicos como la relación entre riesgo y retorno, sobre la importancia de relacionarse con empresas reguladas, lo relevante de conocer los instrumentos de inversión, etc. Entidades como el Sernac se ha preocupado de educar e informar a la ciudadanía respecto a créditos, tarjetas de crédito, a tasas de interés y comisiones a las que pueden estar expuestos los consumidores. Poco o nada se ha profundizado en materia de inversiones y los instrumentos.

Tercero, la SVS debe difundir de forma más explícita y para el conocimiento de todos, en qué consiste su labor y su rol y que alcances tiene. También educar sobre lo que significa que una entidad que participa en el mercado de capitales sea regulada y sometida a su supervisión como así mismo los instrumentos que pueden transar.

Cuarto, la SVS debe estar más presente en el mercado y atenta a los tipos de productos y transacciones que están haciendo las personas. Esto es importante porque si percibe que hay ciertos instrumentos que se están haciendo más populares, aunque sean comercializados por empresas no reguladas, debe dar su voz de alerta respecto de los riesgos de invertir en ellos emitiendo una opinión.

Por último, y tal vez lo mas importante, es lo que la SVS y el legislador NO deben hacer: regular y prohibir toda actividad porque esto atenta contra el emprendimiento y el desarrollo de nuevos productos y servicios que pueden beneficiar a la mayoría de las personas. Una actitud controladora y restrictiva en exceso favorece al status quo impidiendo que nuevas ideas y productos nazcan, se desarrollen y se multipliquen.

Contratos Por Diferencia (CFD): ¿ la próxima sorpresa desagradable?

Los CFD son instrumentos financieros de alto riesgo. Son contratos donde el cliente puede comprar o vender algún activo sin necesidad que deba desembolsar la totalidad de su valor. Este activo debe cotizar diariamente en alguna bolsa o mercado equivalente: acciones, monedas, commodities, tasas de interés, índices, etc. La denominación “por diferencia” se explica porque el cliente diariamente recibe o entrega la diferencia entre el precio del activo definido en el CFD y su valor en el mercado donde cotice.

El cliente debe dejar una garantía en dinero por un porcentaje del valor del contrato, por lo general cerca del 10%. Algunas entidades solo piden un 3%.

En síntesis, el CFD es un intercambio diario de flujos que surge de la diferencia entre el precio del activo fijado en el contrato y su cotización en el mercado. Los flujos pueden ser positivos o negativos.

Como se desprende de lo anterior una variación de tan solo 1% en el precio del activo hará que el cliente gane o pierda el 10% o el 33% de su capital invertido, según si la garantía fue del 10% o del 3% respectivamente. Esto ocurre porque los mercados no son continuos y la garantía pude desvanecerse durante un fin de semana.

Para entender las características de este producto y evaluar correctamente sus riesgos es necesario un conocimiento avanzado en finanzas y una compresión acabada del funcionamiento del mercado de capitales internacional. Como este segmento de la población es muy reducido, si las empresas que lo distribuyen quieren crecer deberán promoverlo entre personas que no cumplen los conocimientos y experiencia ya señalados pudiendo repetirse un episodio similar al ocurrido con AC Inversions.

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