En tiempos de feminismo

El debate en torno a los derechos de la mujer y las desigualdades que existen entre ambos géneros se ha centrado, principalmente, en las acciones que evidencian las injusticias que existen en nuestra sociedad. Acosos laborales, acosos sexuales, tratos desiguales en las aulas de clases, abusos de poder, desigualdades salariales, entre muchas otras situaciones, han sido ejemplificadoras de la realidad que miles de mujeres viven diariamente.

María Eugenia Norambuena - Gerente General de Principal Administradora General de Fondos

María Eugenia Norambuena

Gerente General de Principal Administradora General de Fondos

Todas estas situaciones conllevan consecuencias negativas en diferentes ámbitos de la vida, siendo una de ellas la jubilación. Las pensiones son fiel reflejo del mercado laboral y cuando éste no ofrece las condiciones de desarrollo adecuadas, es esperable que las pensiones no respondan a las expectativas que tenemos como sociedad.
De acuerdo a cifras del INE, la participación laboral de mujeres en Chile alcanza el 48,5% del mercado laboral, según cifras dadas a conocer en marzo de este año por la institución, lo que refleja una brecha de un 22,7% respecto a la participación de los hombres, la que alcanza un 71,2%.
Esta inequidad en el mercado, sin duda repercute en el nivel de ahorro previsional que podamos tener. Ahorro que, por lo demás, se ve afectado por las lagunas previsionales que tenemos las mujeres, por dedicarse, muchas veces, a la crianza de los hijos, o simplemente por las diferencias salariales que existe en relación a los hombres.
Mitigar estas diferencias y contribuir al desarrollo de condiciones laborales que propicien la inserción y desarrollo de la mujer es una obligación social para aspirar a mejores pensiones. Por ello, es relevante que cualquier modificación al sistema de pensiones ponga en el centro a las personas y, desde ahí, implemente medidas integrales que mejoren las pensiones de hoy y haga sustentable el crecimiento de las pensiones del futuro.
Adicionalmente, es necesario cubrir aquella diferencia de tiempo que se genera después de la edad de jubilación, donde las mujeres debemos pensionarnos por 30 años, en tanto los hombres 20. Frente a esto, debiera compensarse la mayor expectativa de vida, mediante un aporte del Estado que contribuya en esta materia.
Sin embargo, esto no es suficiente, el ahorro previsional debiera acercase al 20% del sueldo real y se debiera incentivar la postergación de la edad de jubilación para que podamos ver cambios reales en los montos de jubilación.
En tiempos de defensa de los derechos de la mujer debemos reconocer los impactos de las decisiones que tomamos, con el fin de poder revertirlas y corregir el rumbo.

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