65 años: ¿un número mágico?

Comienzo por recomendar un artículo fantástico publicado en la revista Harvard Business Review de agosto de 2008: “La necesidad existencial de un cambio en la mediana edad”

65 años: ¿un número mágico?

A pesar de tener 8 años de publicado está plenamente vigente y aborda un aspecto cada día más actual: los avances en la ciencia y la tecnología han cambiado definitivamente el concepto de mediana y tercera edad (hoy se habla de la “cuarta edad”).

Pensemos en esto: si la esperanza de vida supera los 83 años, una persona de 53 años que ha comenzado a trabajar a los 25, después de concluir sus estudios, ha trabajado 28 años. Por lo tanto le restan más años de vida (30) que los que lleva trabajados.

A medida que aumenta la esperanza de vida, los desafíos de la “mediana edad” (53 años) serán cada vez más dramáticos para lo cual muy pocos están preparados: es un periodo emocionante, pero  a su vez aterrador, porque debemos re analizar todo, incluso los supuestos más básicos de nuestras vidas.

En un momento clave donde se discute el futuro del sistema de pensiones, no debemos olvidar estos cambios: son un hecho que una ley no modifica. Por el contrario, la legislación debe representar la realidad y adaptarse a ella. Lo contrario no ocurre: que la realidad se adapte a la ley.

El sistema de pensiones es muy complejo, pero se basa en un principio tan antiguo como básico: guardar hoy para el futuro. Desde tiempos inmemoriales las comunidades se preparaban para el invierno almacenando alimentos ya que las inclemencias del clima no les iban a permitir cazar. Es lógico suponer que si creían que el invierno iba a ser más prolongado, la cantidad a almacenar debía ser mayor para lo cual tenían que cazar más: más tiempo y/o cazar más presas por día.

En materia de pensiones esto es mucho más difícil porque la cantidad a ahorrar depende de muchos factores: desde cuanto tiempo sobreviremos después de nuestra vida activa hasta la rentabilidad esperada (futura y no histórica) de lo que logremos juntar hasta que comience “nuestro invierno”. El otro problema tiene que ver con cuánto ahorrar y quién ahorra: el afectado (trabajador), la empresa donde trabaja y/o el Estado (todos pero ninguno).

Lo que no se puede discutir es la realidad: “nuestro invierno” será cada vez más largo y ninguna ley voluntarista lo podrá modificar.

Todo lo anterior plantea una pregunta de difícil respuesta: ¿por qué trabajar hasta los 65 años?  ¿Por qué  se definió esta cifra? ¿Cuándo se hizo? Este mismo artículo recuerda esta historia.

El canciller alemán Otto von Bismarck (1815- 1898) estableció en el año 1889 que la edad  para recibir una pensión fuera de 70 años.

En el año 1916, después de la muerte de von Bismarck y siempre bajo el reinado del  káiser Guillermo II de Alemania, se redujo la edad de jubilación a 65 años.

Un muy preocupado responsable de las finanzas públicas de la época preguntó: ¡ ¿ Cómo hará el Estado para solventar semejante compromiso ? !

Lo más sorprendente fue la respuesta que recibió: “no se preocupe, prácticamente nadie llegará a esa edad”.

La intuición del emperador era correcta: la esperanza de vida en Alemania en esa época era 49 años

Hoy en 2016  se cumplen 100 años de aquella definición.

Pregunta: ¿no será tiempo ya de revisar este número “mágico” de 65 años?

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