Informe Económico Internacional, enero 2019

Informe Económico

Resumen

La economía global continúa exhibiendo señales de desaceleración, principalmente por parte de Europa y China, con procesos que tendieron a intensificarse en los últimos meses de 2018. Japón, en tanto, no pudo concretar un proceso de sostenida recuperación durante el 2018, exhibiendo un escaso dinamismo no muy distinto al de años anteriores y que no debería cambiar significativamente en el presente año. Por su parte, Estados Unidos se mantuvo con un alto crecimiento durante 2018, aunque con expectativas que este proceso tenderá a debilitarse en el 2019.

En el caso de América Latina, el principal factor favorable viene por el lado de Brasil, donde el nuevo gobierno y sus señales de avanzar en equilibrar las cuentas fiscales, sobre todo respecto del financiamiento del sistema de pensiones, han elevado las expectativas respecto de esta economía.

Con todo, el escenario más probable para 2019 es de una desaceleración acotada de la economía global, exhibiendo como factores de riesgo los asociados a la normalización monetaria, la guerra comercial entre EEUU y China, una desaceleración más brusca en China, y un Brexit más abrupto, todo en un contexto de alto endeudamiento.

La economía chilena, en tanto, habría crecido 4% anual el 2018, estimándose una desaceleración de 3 a 4 décimas durante el 2019, en parte debido a las dificultades que está teniendo la autoridad en destrabar proyectos relevantes. En materia de precios, la inflación se mantiene acotada, por lo que la normalización de la tasa de interés seguirá un ritmo pausado que responde más bien a la necesidad de ir convergiendo gradualmente a una tasa de interés neutral.

Panorama Economía Mundial

La información última confirma la desaceleración que exhibe la economía global, en buena parte determinada por el menor dinamismo de las economías de la Zona Euro, Japón, Reino Unido y China. En contraste, la economía de Estados Unidos mantiene un favorable comportamiento, aunque durante este 2019 debiese exhibir una disminución en su crecimiento como consecuencia del menor impulso monetario y fiscal. Con todo, las estimaciones apuntan a un crecimiento global del orden de 3,5% anual este año, lo que implicaría ralentización del orden de tres a cuatro décimas en relación al año anterior.

Si bien el panorama global es de una desaceleración acotada, éste no está exento de riesgos, los que llevan a que en materia de crecimiento el escenario alternativo más probable estaría sesgado a uno de menor dinamismo y mayor volatilidad.

En efecto, dentro de los principales riesgos para la economía se cuentan una mayor desaceleración en Europa asociado a las dificultades que están teniendo algunas de las principales economías del bloque, lo que además está agravado por la incertidumbre en torno a la salida de Reino Unido de la Unión Europea que podría incluso resultar en una salida dura si es que no se llega a acuerdo, escenario no descartable dada la polarización que se ha ido observando.

Otro riesgo relevante es la pérdida de dinamismo que exhibe la economía de China, particularmente significativo además para las economías que se encuentran más vinculadas comercialmente a ella, siendo la principal duda si las autoridades lograrán acotar el ritmo de desaceleración con nuevas medidas de impulso monetario y fiscal. Hasta ahora los indicadores siguen reflejando una ralentización, afectando el precio de materias primas e índices bursátiles de mercados emergentes.

Un aspecto adicional que genera incertidumbre se refiere a la capacidad de las autoridades monetarias en el mundo de ir normalizando la tasa de interés sin generar disrupciones en el mercado financiero, sobre todo considerando la desaceleración que se observa. En concreto, los principales banco centrales del mundo deben retirar una enorme cantidad de estímulo, junto con comenzar a normalizar las tasas en un contexto donde no en todas las regiones del mundo lograron una recuperación robusta de la crisis previa.

Detrás de estos riesgos se debe considerar que los niveles de endeudamiento agregados de todas las economías son significativamente más altos que los de una década atrás, por lo que este hecho representa una fuente de vulnerabilidad adicional que puede amplificar el efecto de un cambio sorpresivo hacia algún escenario de riesgo. Adicionalmente, el mayor endeudamiento público limita las posibilidades de acción fiscal que tienen las autoridades para estimular sus respectivas economías.

Por otra parte, la capacidad de la política monetaria de hacer frente a un escenario de debilidad e incertidumbre también es acotada. En efecto, el bajo nivel que exhiben las tasas de interés sumado a que los principales bancos centrales del mundo exhiben balances con una gran cantidad de documentos en sus activos, como consecuencia de los programas cuantitativos de impulso monetario (QE), lleva a que la capacidad de la política monetaria de funcionar en forma óptima en caso de ser requerida se vea limitada.

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En lo que respecta a la economía de Estados Unidos, ésta habría crecido alrededor de 2,9%-3,0% anual durante todo el 2018, destacándose el dinamismo del consumo privado y la paulatina recuperación de la inversión. A nivel sectorial, tanto la manufactura como servicios exhibieron un buen desempeño durante todo el año, aunque con algunas excepciones hacia el mes de diciembre, donde se observó una relativa desaceleración en algunos indicadores. En efecto, si bien tanto el índice ISM del sector manufacturero como el de servicios promediaron cerca de 59 puntos durante 2018, en el mes de diciembre el índice del sector manufacturero registró 54,1 puntos, caída significativamente no menor y que genera una cuota de incertidumbre en el desempeño del sector en el 2019.

La producción industrial, en tanto, se mantuvo creciendo durante el año, y las ventas minoristas se bien se desaceleraron levemente en el último trimestre, siguieron exhibiendo una robusta tasa de expansión, incluso mayor si se excluyen las ventas de los vehículos motorizados.

El buen desempeño del consumo privado se explica en parte importante por el fuerte dinamismo del mercado laboral, el cual sigue creando empleos a un ritmo favorable (312 mil nuevos puestos en diciembre) y que ubicó la tasa de desempleo por debajo del 4% durante gran parte del 2018. Las menores holguras del mercado laboral han repercutido en una tendencia alcista de los salarios, los cuales en diciembre de 2018 crecieron 3,2% anual mientras la inflación se mantiene en torno a 2% anual, reflejando las bajas presiones de precios que enfrentan los consumidores estadounidenses. No obstante lo anterior, la confianza de los consumidores elaborada por el Conference Board exhibió una importante caída de más de ocho puntos en diciembre respecto al mes previo, reflejando con ello las menores perspectivas que esperan los consumidores para el presente año.

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Con todo, para el año 2019 las perspectivas de la economía estadounidense apuntan a un crecimiento algo menor, el que se ubicaría en las cercanías de 2,5% anual, afectado tanto por el menor impulso monetario, como por la menor capacidad de estímulo de la política fiscal y un escenario global que irá moderando su tasa de crecimiento.

En este contexto interno junto a los riesgos globales que afectan a la economía estadounidense, la autoridad monetaria ha tendido a moderar sus perspectivas de alza en la tasa de interés, revelando en su escenario base que materializará dos alzas durante el 2019, llevando la tasa a las cercanías de 2,75%-3,0% hacia fines de año (actualmente 2,25%-2,5%). En nuestra perspectiva, las condiciones globales y la desaceleración que se espera en EEUU permiten estimar que la FED podría tener que moderar aún más sus perspectivas de alzas de tasa a sólo una en el año 2019. Esta menor presión monetaria ha generado que tanto las tasas de interés de los bonos del Tesoro americano como los bonos soberanos de las demás economías avanzadas hayan moderado sus alzas, al igual que el valor del dólar multilateral, aunque su tendencia debería continuar reflejando la mayor fortaleza relativa de la economía estadounidense.

La Zona Euro, en tanto, habría crecido en las cercanías de 2,0% anual durante todo el 2018, siendo Italia una de las economías de peor desempeño, con una expansión apenas cercana a 1% anual. En general, la mayoría de las economías de la Zona mostraron una sostenida desaceleración durante todo el 2018, siendo Italia y Francia las que finalizaron el año más debilitadas. Para este 2019, las perspectivas apuntan a que la desaceleración continuaría en la región, llevándola a crecer en las cercanías de 1,7% anual en el escenario base, no descartándose una cifra algo menor.

A nivel coyuntural, los indicadores PMI del sector manufacturero y del sector servicios mostraron una clara desaceleración durante todo el 2018, pasando de cifras algo por debajo de 60 puntos a inicios de año, a 51,4 y 51,2 puntos en el mes de diciembre, respectivamente. Adicionalmente, la información del mes de diciembre refleja que tanto en Francia como en Italia se observó un nivel del índice manufacturero en terreno de contracción (49,7 y 49,2 puntos, respectivamente).

Por su parte, las ventas minoristas comenzaron a mostrar debilidad hacia los últimos meses del año 2018, reflejándose ésta en el aplanamiento del volumen de ventas, dejando atrás los meses de crecimiento que se habían observado hasta la primera parte del año 2018. En tanto, la tasa de desempleo lleva cuatro meses sin exhibir bajas en la región (8,1% en octubre), manteniéndose muy heterogénea dentro del bloque.

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Por otra parte, la economía de Reino Unido debe hacer frente a una salida de la Unión Europea lo más ordenada posible. Este proceso es sin duda el de mayor incertidumbre para los ingleses, por cuanto no sólo hay aspectos políticos detrás, sino que también dificultades para el funcionamiento de la economía en el flujo de comercio exterior, servicios financieros y las dificultades adicionales que podrían surgir en torno a restablecer una frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.

Así, el escenario para la región europea no es fácil, lo que ha llevado a la autoridad monetaria de la Zona Euro a ser sumamente cauta en el proceso de normalización de su política monetaria. En concreto, en el mes de diciembre la autoridad dio por finalizado el paquete de estímulos cuantitativos (como lo tenía previsto) – aunque seguirá reinvirtiendo los vencimientos por un período prolongado –, a lo que se sumó la mantención de la tasa de interés en 0%, la que seguiría en ese nivel al menos hasta el tercer trimestre de este año.

En la región de Asia la principal duda apunta a la economía de China, por cuanto ésta se ha ido desacelerando de forma importante y la principal incertidumbre radica en si este comportamiento se moderará o no durante este año. En concreto, el PIB habría crecido cerca de 6,6% anual durante todo 2018, y las perspectivas apuntan a que durante 2019 se observe una expansión del orden de 6,2% anual, no descartándose una tasa menor. Dado esto, las autoridades han manifestado últimamente planes de estímulo fiscal y monetario (rebaja de impuestos, reducción de tarifas, menores tasas de encaje bancario) para contribuir a evitar una pérdida de dinamismo mayor a la deseada.

A nivel coyuntural diversos indicadores confirman este comportamiento más acotado. En concreto, el índice PMI del sector manufacturero mostró una desaceleración durante gran parte del segundo semestre de 2018, llegando a un valor de 49,4 puntos en el mes de diciembre, lo que indica contracción del sector. En el caso del indicador PMI del sector servicios, las cifras son algo más favorables, ya que se mantienen en terreno de crecimiento aunque con algún grado de desaceleración, alcanzando 53,8 puntos en diciembre. En la misma línea, tanto la producción industrial como las ventas minoristas exhiben una tendencia de desaceleración en igual período.

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Este comportamiento de la economía china ha sido acompañado por una depreciación del yuan cercana a 9% anual, movimiento coherente con el menor dinamismo de la economía. No obstante lo anterior, esta depreciación genera una cuota de incertidumbre en la economía por el efecto que provoca sobre los agentes domésticos endeudados en dólares, en consideración que la deuda corporativa total es más de 160% del PIB.

A este escenario de desaceleración se suma la guerra comercial que China está teniendo con Estados Unidos, y aunque recientemente se ha observado una relativa moderación en las acciones, nada asegura que no hayan nuevas medidas proteccionistas por ambas partes, lo que afectaría las posibilidades de las autoridades chinas por mantener una expansión por sobre el 6% durante el 2019.

En la región de América Latina hay perspectivas heterogéneas, principalmente en las economías más grandes del bloque. En el caso de Brasil la autoridad entrante ha manifestado acciones económicas ortodoxas que en general han sido bien recibidas por el mercado, tales como anunciar cuentas fiscales ordenadas, reducir la deuda, privatizar empresas públicas, realizar una reforma del sistema de pensiones, etc. A ello se suman anuncios con la lucha contra la corrupción, aspecto muy relevante con los compromisos de campaña del presidente Bolsonaro. En este contexto las perspectivas son favorables, y dependerá del manejo y apoyo político que consiga el nuevo gobierno para implementar acciones concretas que den inicio a reformas importantes, particularmente en el sistema de pensiones y el ordenamiento de las cuentas fiscales. En lo inmediato, las mejores expectativas permiten estimar que Brasil crecería del orden de 2,6% anual durante este año, luego de un modesto crecimiento que se habría ubicado en torno a 1,5% anual el año 2018.

En el caso de Argentina la situación es altamente compleja. Si bien la economía ha reducido la tasa de inflación mensual (3,2% en octubre), esto se debería a la fuerte contracción de la economía, que continuaría al menos durante la primera parte de este año. En efecto, la economía se ha contraído el segundo y tercer trimestre y con seguridad volverá a caer en el último trimestre de 2018. En este contexto, la economía habría caído en torno a 2,5% en el 2018, esperándose que en el 2019 vuelva a caer en la cercanía de 1,5% anual. En lo inmediato, un elemento que eleva la incertidumbre es la capacidad de pago futuro de los instrumentos de deuda que está emitiendo el Banco Central a una tasa de interés por encima del 60% anual, todo esto en un contexto de una política monetaria de cero emisión. Esta combinación de cero emisión monetaria y altas tasas de interés de los documentos emitidos podría llevar al Banco Central argentino a una situación insostenible que derivaría en mayores presiones cambiarias. Por ahora el peso argentino se ha ubicado en torno a los 38 pesos por dólar, exhibiendo cierta estabilidad; sin embargo, el equilibrio por el que está transitando la economía es sumamente frágil. En la misma línea, si bien las reservas internacionales han aumentado, esto se explica por los préstamos del FMI y por un swaps con China, por lo que no necesariamente representa una mejoría en la situación financiera ni en la confianza del instituto emisor.

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Además de las complejas condiciones que enfrenta la economía para volver a crecer, el gobierno debe avanzar en los compromisos contraídos con el FMI, donde el alza de las tarifas de servicios básicos como la electricidad, gas y transporte público jugarán un rol significativo no sólo en el aspecto de intentar equilibrar las cuentas fiscales sino que respecto de las condiciones políticas que enfrentará el gobierno de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo. En particular, es altamente probable que el gobierno enfrente un escenario económico muy duro este 2019, donde a la concreción de las alzas de tarifas de los servicios básicos se sumarán nuevas caídas en la tasa de crecimiento del PIB, que junto a un desempleo que irá al alza, generarán un cuadro de alta incertidumbre en los mercados y en el ambiente político. En este contexto, las posibilidades de reelección del actual presidente o de alguien de su coalición no deberían ser altas, sin embargo, el bajo nivel de organización de la oposición permite pensar que la coalición de gobierno continúa teniendo la primera opción a ganar en las próximas elecciones, hecho que los mercados valorarán positivamente aun cuando los resultados económicos podrían decir otra cosa.

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