Apuestas que pagan

En tiempos en que la Bolsa no levanta el vuelo, es mejor cambiar la estrategia. Ya no sirve enfocarse sólo en el crecimiento de la compañía, sino en lo estable que es la industria a la que pertenece. De esto dependerán los dividendos.

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Hace unos días expliqué el concepto de Dividend Yield, esa fórmula matemática muy poco utilizada por la mayoría de los inversionistas al momento de valorar una compañía.

La gracia es que ayuda a identificar acciones que puedan duplicar su precio en el menor tiempo posible y después venderlas para buscar otras.

Nada de mal. Pero en el escenario de incertidumbre y desaceleración actual, es cada vez más difícil encontrar en el IPSA una acción que duplique o triplique su valor en el mediano plazo.

En este caso, en tiempos de bajo crecimiento es mejor enfocarse en aquellas empresas que tengan ingresos más estables y un negocio sólido; alejadas del ciclo económico; con un sólido gobierno corporativo, etc.

Cuando las encontramos, estamos frente a una atractiva oportunidad de inversión, porque nos aseguramos un buen flujo de dividendos para nuestra cartera.

Para entenderlo mejor: lo que una empresa vale para su dueño no es más ni menos que el valor presente de los dividendos que la firma paga mientras existe.

A diferencia del juego de suma cero conocido como trading, cuando recibes tu dividendo lo que obtienes es en esencia el valor creado por el negocio.

¿Cómo inviertes en dividendos?

Como te decía al inicio, compara el dividendo anual respecto al precio actual de la acción (dividend yield).

Por ejemplo, si hay una empresa que de manera consistente paga un dividendo de $12 por acción, y está a un precio de $150 en la Bolsa, tal vez te parezca atractivo comprar ese 8% de retorno anual.

Adicionalmente, si te convences de que ese dividendo crecerá en el futuro a una tasa de 10% anual, ahí el flujo se pone más sabroso respecto a los $150 invertidos originalmente.

Para este ejercicio, tu retorno anual promedio -si decides no vender- será de 18% (8% por el retorno actual más 10% por el retorno adicional).

El segundo punto a considerar es si los $15 que paga la empresa por concepto de dividendos representa un porcentaje alto o bajo de sus utilidades (payout).

En igualdad de condiciones, es preferible un Dividend Yield de 8% de una empresa que reparte solo una fracción de sus utilidades, que el mismo 8% de una compañía que distribuye el total.

El dividendo de la primera podrá crecer no sólo por un aumento de las utilidades, sino que también por una mayor distribución de estas en el futuro.

El famoso ROE

Aquí nos adentramos a un tema muy importante, que hace que el negocio de ganar dinero en forma “simple” en realidad no tiene nada de “fácil”: ¿Qué hace que la utilidad de la empresa crezca en el largo plazo?

La respuesta es, en teoría, la “combinación” del retorno sobre el patrimonio Return On Equity (ROE), conocido en español como el Beneficio Neto después de Impuestos/Patrimonio.

Este ratio mide el rendimiento que obtienen los accionistas de los fondos invertidos en la sociedad; es decir, el ROE mide la capacidad que tiene la empresa de remunerar a sus accionistas, y considera también la tasa de reinversión de utilidades.

Por ejemplo, una empresa que mantiene un ROE de 18% y una distribución de utilidades de 60%, tendrá un crecimiento esperado de utilidades de 10,8%.

En este caso, a mayor sea la distribución, menos efecto tendrá el ROE sobre el crecimiento. Si la empresa distribuye todas sus utilidades, por muy buen ROE que tenga, este se va a aplicar sobre el mismo patrimonio que se consideró el año anterior, por lo que la utilidad esperada va a ser la misma.

De todas formas, recuerda que todo esto es teoría, y que “en teoría, no hay diferencia entre teoría y práctica. En la práctica sí la hay”, según Yogi Berra.

Finalmente, lo que se busca siempre es la mejor combinación entre dividendos actuales y crecimiento futuro. Cuánto sacrificar del primero a cambio de más del segundo, es simple decisión personal.

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